Si echamos la vista atrás dentro del mundo culinario de los postres, posiblemente, uno de los más antiguos con los que nos podemos topar actualmente es con los buñuelos. Concretamente, se datan desde la mismísima época de los romanos, pero no fue hasta la expansión morisca del Mediterráneo hasta que se perfeccionó tal y como los conocemos hoy día.

En España es uno de los dulces más habituales en todo tipo de ferias regionales y eventos de dicha índole, cosa que los han caracterizado como uno de los postres más consumidos del país. Y tanta tradición y consumo es lógico si nos fijamos en su fácil preparación y en la “simpleza” de sus ingredientes, unos ingredientes comunes en cualquier cocina.

Obviando todo tipo de buñuelos de sabores (calabaza, boniato, higos, queso, etc.), en esta receta nos centraremos en los buñuelos clásicos de toda la vida con huevo, leche, mantequilla y canela.

Tomad nota.

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Receta de buñuelos caseros
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Instrucciones
  1. Empezamos nuestra receta de buñuelos caseros echando 125 ml de leche en una cacerola. Además, la acompañamos con 50 gramos de mantequilla, una cucharadita de azúcar y una pizca de sal. Calentamos el fuego y removemos bien para que todos los ingredientes se impregnen bien. Una vez bien mezclado, hay que llevarlo a ebullición.
  2. Cuando veamos que la leche empiece a hervir, bajamos un poquito el nivel de potencia del fuego y añadimos 75 gramos de harina y seguimos removiendo hasta formar una masa de textura homogénea. Un indicativo de que vamos por el buen camino es que empezará a despegarse de los bordes de la cacerola.
  3. Una vez consigamos este resultado, dejamos enfriar en la cacerola durante unos minutos antes de introducir los últimos ingredientes.
  4. Ahora, acompañados con una cucharada de licor de anís, batimos bien dos huevos. Una vez listo, lo añadimos a la cacerola con el resto de ingredientes de la masa y removemos bien hasta que vuelva a impregnarse todo en un mismo ingrediente.
  5. Una vez lista la masa de los buñuelos, la introducimos en una manga pastelera que tenga una boquilla redonda bastante ancha para darle la típica forma de bolita de un buñuelo. Vamos formando de uno en uno nuestros buñuelos, si no sale perfecto con la manga pastelera, que no saldrá, le damos la forma con nuestras propias manos.
  6. En un plato hondo, vertemos el azúcar restante junto a una cucharadita de canela molida. Con esto, “rebozaremos” cada uno de los buñuelos antes de ser cocinados.
  7. Calentamos en una sartén abundante aceite de oliva virgen extra y freímos los buñuelos una vez rebozados con el azúcar y la canela. Cuando veamos que están bien doraditos por ambos lados, los retiramos, los escurrimos bien sobre papel de cocina y los vamos preparando.
  8. Por último, para emplatarlos, siempre hay que volver a rebozarlos con una nueva pasada de azúcar y canela para que tengan un dulce sabor final.